miércoles, 2 de diciembre de 2015

miedo

Hoy .... quiero confesar. He tenido miedo, miedo infinito desde que salieron las dos rayas, desde antes...y durante y después. Sé que el miedo me acompañará toda la vida, pero no le temo, hace tiempo me prometí que si tuviera la posibilidad de ser feliz, no la desaprovecharía. Leí, me informé y formé, sobretodo y nada a la vez, pues está aventura va más allá de todo libro y artículo, tuve miedo sí, lo tuve. Además, el mundo se encarga por sí sólo de contarte lo malo, lo peor, lo catastrófico y sí, con lo ajeno, añadí más miedo a mi propio miedo. Llegaban avances durante el embarazo y aún así tuve miedo, no podía ser tan bueno, nunca lo leí y no sólo fue bueno, sino que fue mejor, tal vez porque no lo esperaba así, tal vez por lo que vi o leí.... nada era bueno y lo mío... lo mío lo fue y quizá por eso lo valoré más. El parto... fue fantástico, creo firmemente en la preparación, más en la mental que la física. El día 12/09/2015, tuve miedo, pánico, terror, mi bolsa estaba rota (eso me dijeron, aunque resultó no ser así) ese día me ingresaron y lloré, todo mi esfuerzo, toda lectura y preparación no servían de nada y para nada, lo soñado estaba lejos de ser conseguido.... terminaría... cuánto pensé que terminaría de otra manera, lloré y tuve miedos, muchos, todos y ninguno a la vez. Pensé que un embarazo tan bello, tan mágico y tan bueno, era sólo una parte, que a una misma persona no le puede tocar la lotería tanto y tan seguido. Me miraron tactos y pts, y no había avances, 1 cm, 1 triste cm, no podía positivizar algo así... me había preparado y sentía que no había servido para nada.... pasaron las horas, infinitas horas, muchas, pocas, largas y cortas y tuve miedo, miedo de sentir, de ver que el tiempo de dos que forman uno, de un yo con mi barriga se estaba agotando y sí 24 horas... mi cuerpo no respondió... pensé que era mi culpa, que me había entrenado demasiado tarde, que no había sido constante y que me merecía ese final, pero no... no fue así. Mi cuerpo se despegaba de mi mente, cada uno por su lado y yo... yo no podía hacer nada. Pero no fue culpa de mi cuerpo, perdí las prostaglandinas por la noche y no hizo efecto, y mi cuerpo seguía verde, evolucionando, a su ritmo, un ritmo lento e insuficiente. Volví a sentir miedo, miedo de todo y de nada a la vez, mi mente se llenó de locura, creía fuertemente en la fiereza animal, en el instinto de mamífera, pero el miedo estaba ahí para luchar contra el instinto con su raciocinio temeroso. Para más, tanta lectura me asustó aún más, ese día 12 tenia que terminar, y su luna negra, tenía que desaparecer para dar lugar a lo nuevo, a lo bello, a lo maravilloso, al influjo de la luna nueva, así fue, llegamos al día 13, esperando cumplir con el sueño perfecto, y mi cuerpo... seguía sin responder. Me esperaba una inducción.... miedo es poco, tuve pánico, terror, la inducción antinatura, algo que no entraba y mis planes... lloré sí, y tuve miedo, miedo de que no saliera bien, miedo a una cesárea, miedo a que mi príncipe no lo aguantase, miedo, sí, un miedo infinito, sin límites, porque mi bebé era tan deseado... y me sentí mal, mal conmigo, porque mi cuerpo no respondía, porque no me concentraba, porque era todo un fraude. A las 14h del 13/09/15, después de 31 horas, en las que mi cuerpo no seguía a mi mente, fuimos a dilatación, me crecí con la oxitocina, sí, antinatural, todo contra lo que quería luchar, pero me hizo grande, hizo que me concentrase a pesar de estar de 1cm, y con suerte llegar a 3cm a las 20 horas de esa tarde, según me dijeron. Pero me crecí, y cada ola uterina me hacía más grande,cogí al amor de mi vida, con un dolor de 135 y dije puedo con todo y me hice grande en cada ola, cada minuto, cada segundo, olas, tsunamis de dolor, me hacían grande, pero.... miré el reloj.... y tuve miedo, miedo de no ver a mi príncipe, en el momento de la cita, miedo de con suerte estar de tres, como me dijeron. Miedo que crecía, mientras yo me hacía pequeña y no cumplía conmigo, con mi ser y mi manera de ser, aceptando poco a poco lo antinatura.... 6 de la tarde, pedí la analgesia y mi cuerpo cansado, descentrado y temeroso, lo rechazó. Tres fueron los pinchazos, indoloros, pues las olas gigantes se hacían más fuertes y no daban cabida a más dolor. No hizo efecto, la tristeza se apoderó de mi ser, cuerpo y mente, no bailaban al mismo son, se acercaban las 8 de la tarde y aquéllo.... uff aquéllo era un cuadro que jamás había pintado, y sí... tuve miedo, pero.... me levanté y remonté, me llené de fuerza, de valentía, de recuerdos, de mi preparación y dije eres grande, hazte grande, sé grande.... y medité, pedí a mi cuerpo conexión, pues él rechazó la analgesia sólo porque mi mente llevaba meses rechazandola, hubo dolor, pero no demasiado, no era infinito, conocí dolor más grande un tiempo atrás, y éste... éste era un dolor mágico, como la magia del corazón, que sólo duele cuando siente... y llegó, llegó la temida hora, las 20:00, hora en la que perdería la batalla y mi parto... sería otro, para el que me había preparado pero nunca lo soñé...y sí.... hubo magia y se hizo magia, mi cuerpo estaba conectado 37 horas después... lo había conseguido... no podía creeelo, todavía podía tener el parto de mis sueños, y es que el canal de la vida se abrió, más de lo esperado, ya no tuve más miedo, me hice 8cms más grande y me centré y concentré. Estaba a punto de conseguirlo...era el día, influjo lunar, luna nueva en el cielo.... astros a favor, volví a hacerme grande y....
A las 22:04, del día que cambió todos los 13, fuimos al paritorio, sentí una contracción y empujé, al sentirlo coronar... tuve miedo y volví atrás, recordé lo preparado, respiración incluida y.... dejé pasar dos olas gigantes para abrirme a mi animal, jugué bien y mezclé razón para pensar, recordar y concentrarme e instinto para dar vida a la vida, porque mi cuerpo y mi bebé eran sabios y yo no tenía que pensar nada más, sólo dejarme llevar por lo que tanto anhelé, lo natural.
A las 22:15, hora de aquel reloj, un bebé perfecto rosado, de ojos abiertos decidió venir al mundo para llenarme de más amor si cabía, sin mayor cicatriz que la que dejaron 3 puntos internos, y es que fue sabio, supo deslizarse por el canal de la vida con un giro impecable, lo sentí, lo acaricié, lo abracé y amamanté. Fue perfecto. 
Sí... lo fue.
Sin embargo, volví a tener miedo, la lactancia que tanto leí... y es que no podía darse un 3/3 pues todo tan bueno... y sí, no sólo fue buena sino que forma parte de mi y de mi manera de amar, no sé ser sin mi yo mamífera. Es esclavo, sacrificado, pues demanda es eso, barra libre, y la hora la escoge él, pero es que encima es un príncipe bueno, tranquilo, sin gases ni cólicos, que sonríe y ríe, que demuestra su carácter cuando algo no le gusta pero.... mereció la pena.
Hoy creo que tuve miedo a ser feliz.

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